
Delante de aquella tumba vacía podemos asombrarnos como las mujeres y los discípulos; dormir como los guardias; enojarnos como los sumo sacerdotes o dar testimonio como el ángel que proclamo la grande novedad: Jesús no está alli: ¡ha resucitado como había predicho! Está es nuestra alegría; nuestra esperanza; es la grande verdad que se nos ha revelado y que debemos mantener para siempre! Que esta novedad, siempre nueva, inflame nuestros corazones y nos de esperanza segura.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
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